Artículos, tips y consejos

El turismo peruano en tiempos del COVID-19


Publicado el miércoles 10 junio, 2020


Por: Dra. Cecilia Castillo Yui 
Docente de la Escuela Profesional de Turismo y Hotelería 

El Turismo apareció y se dio a notar como un fenómeno social a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, época considerada como una primera etapa en la historia de esta importante actividad y en la cual se han registrado sus primeros antecedentes como una simple curiosidad, recuerdos de historias de novelistas y escritores, o el deseo de indagar sobre culturas y costumbres. Esto último se fue afianzando y transformando principalmente por los adelantos tecnológicos en los campos del transporte y de las comunicaciones, aspecto que influyó en gran medida en este fenómeno como una parte preponderante de la dinámica sociocultural y económica hasta nuestros días.  

Entre los años 1967 y 1991 aparecieron un gran número de autores y asociaciones de expertos abocados en la búsqueda de una definición ideal para el término turismo. Al respecto, cada uno de estos profesionales señalaba que esta industria se asemejaba a un mercado íntimamente ligado a la oferta y a la demanda, a tal punto que era denominada como “industria sin chimeneas” y “producto de exportación invisible”. A inicios de 1995, en la Conferencia de Ottawa, promovida por la Organización Mundial del Turismo (OMT) y el Gobierno de Canadá, se establecieron una serie de recomendaciones sobre el análisis y la presentación de las estadísticas del turismo. 

Desde entonces, autores como Krippendor, Lieper y Boullón, con el estudio de la Epistemilogía del Turismo y del Sistema Onírico (1991), han tratado al turismo desde el punto de vista sistémico por su carácter multidisciplinario y multisectorial, al igual que Urry (2002), Luhmann (2003) y Korstanje (2013). Cada uno de estos intelectuales se ha preocupado por construir una definición completa y veraz, acorde a nuestros tiempos y a todo lo que involucra su práctica. Sin embargo, investigadores contemporáneos como Santana (1997), Osorio (2007) y Dumazedier (1967) no cesan en su afán de brindar constructos teóricos, debido a que siempre observaron a este fenómeno por el impacto cambios que produce en los lugares de destino.  

Una definición que no es del todo valorada por un sector de profesionales es la de Fernández Fuster (1967), la cual, a pesar del tiempo transcurrido, cobra mayor vigencia. En sus últimas líneas, esta definición señala: “También son [entendidos como] turismo los efectos negativos o positivos que se producen en las poblaciones receptoras (económicas, sociales o religiosas) por el contagio de los extranjeros y, entre estos últimos, el que a su vez se produce por el de estas poblaciones con las próximas, aunque estas últimas no reciban turistas. Y para terminar esta lista no limitativa, turismo es, también, por paradoja, el efecto que se produce en un núcleo receptor, cuando se corta la afluencia turística”. 

Este preámbulo nos permite entender la verdadera importancia de esta actividad desde el punto de vista social, ya que el aspecto económico, no menos importante, es un desencadenante para llegar a ese punto. Para entenderlo mejor y darnos cuenta de su real dimensión, vale resaltar que la base del turismo es la libertad de desplazamiento, principio consignado en la Carta Magna de los Derechos Humanos (1948), un fundamento que muchos países incluyen en sus constituciones como un derecho inalienable de la persona humana.  

Cuando una sociedad está en peligro, los Estados tienen el derecho de imponer la prohibición del libre tránsito, especialmente ante guerras, epidemias, tensiones entre países y catástrofes naturales. Sin embargo, se trata de una medida que afecta al turismo. Centrándonos en el COVID-19, es fácil inferir que el mundo no será igual, por todas las precauciones que se deberán aplicar para disfrutar de la ansiada libertad de desplazamiento. En este caso, lo importante es tener garantías en el cuidado de la salud individual. 

Esta pandemia ha originado un impacto social que ha afectado al turismo crudamente debido a que no son posibles los desplazamientos, de tal manera que la actividad se ha paralizado al punto de que será necesario reflexionar sobre las irreparables pérdidas e iniciar una reconversión para procurar un nuevo equilibrio al volver a la nueva normalidad, con dificultad, pero nunca imposible de lograr. Al respecto, podemos puntualizar lo siguiente: 

1. Libertad de desplazamiento. Actualmente se encuentra suspendida, pero se trata de una medida necesaria debido al riesgo que implica circular libremente.  
2. Operatividad. Las empresas que permiten el funcionamiento del entorno turístico se encuentran paralizadas, lo que afecta a aquellas personas que cumplen labores en los puntos de origen, conexión y destino.  
3. Punto de destino. En este periodo de aislamiento social obligatorio, los centros de hospedaje, transporte local, restauración y de actividades se encuentran a la espera de los visitantes que colman sus instalaciones. 

El COVID-19 viene cobrando un elevado número de vidas humanas a nivel mundial y afecta a la población del punto receptor del turismo porque origina serias modificaciones en los modos de vida, usos y costumbres de sus pobladores, quienes se recuperarán en la medida que puedan retomar sus actividades con el profesionalismo que los caracteriza y en la medida que generen los ingresos necesarios para mitigar las necesidades de sus familiares. 
Esta situación se complica cuando el aspecto social conlleva una problemática económica, puesto que el turismo permite un efecto multiplicador, entendiéndose por ello que las divisas que ingresan a un país por este concepto van generando otras inversiones y gastos en diferentes sectores. Por ello, se puede concluir que: 

1. El Turismo se ve seriamente afectado ante los cambios económicos y culturales que se han vivido en los últimos meses, mermando su accionar y recortando cada una de las actividades que se tenían programadas. 
2. El turismo es una actividad eminentemente social. Las repercusiones de sus procesos como sistema involucran en gran parte la vida de una población debido a su carácter multisectorial y multidisciplinario. Ante la crisis que vive el planeta en estos momentos, el rubro debe asumir un rol de apoyo y solidaridad, poniendo en práctica la hospitalidad, la vocación de servicio y la proactividad. El profesional de este sector debe encontrarse listo y atento para brindar lo mejor de sí. 
3. Al reconocer al turismo como un hecho social que afecta la vida cotidiana de un país, la población debe comprender que esta pandemia debe convertirse en una oportunidad para impulsar la visita a espacios monumentales locales bajo nuevas reglas de juego que eviten las aglomeraciones, dando oportunidades de resurgir a nuestros empresarios, profesionales  y servicios nacionales, que, con su trabajo y conocimiento encontrarán el equilibrio perdido, difícil, pero no imposible de volver a lograr.   

NW0106 - ACE2020/OH          

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